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Inseguridad

 

Por: Rafael Zeballos
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Hace ya un tiempo se me dio la oportunidad de respaldar, apoyar y trabajar directamente en programas de prevención de la delincuencia infantil y juvenil en Panamá. Así mismo, he podido ser testigo del gran trabajo que muchas fundaciones, organizaciones e iglesias de distintas denominaciones realizan día a día, brindando oportunidades diferentes a jóvenes y niños que desean alejarse de la violencia y las pandillas. Hay que quitarse el sombrero por los resultados que obtienen, considerando que en la gran mayoría de los casos el apoyo que reciben es escaso o nulo.

Gracias al hecho de haber podido vivir esta experiencia, soy un fiel creyente de que la prevención juega un rol primordial en el combate a la violencia y la inseguridad, y todos debemos ser parte de este esfuerzo. El Estado, designando todos los recursos y las herramientas necesarias para programas gubernamentales y privados; la empresa privada, respaldando estas iniciativas y sobre todo brindando oportunidades de crecimiento profesional a los egresados de estos proyectos; los medios, promoviendo, impulsando y resaltando estos testimonios reales de las vidas de muchísimos jóvenes y niños que se han salvado; y nosotros, siendo agentes de cambio, respaldando en la medida de nuestra capacidad y predicando con el ejemplo.

Pero existe también otra realidad en nuestros barrios. Una realidad que han tenido que experimentar todos los que han trabajado con jóvenes y niños en las zonas rojas. La realidad de los que jamás conocieron un programa de prevención. Los que a raíz de los limitados recursos con que se cuenta, simplemente no se les pudo alcanzar. O los que por algún motivo simplemente no les interesó, ya sea por mala influencia en sus familias, presión de grupo en sus barrios o simplemente porque les pareció mas fácil irse por otro camino, en muchas ocasiones debido a la ausencia total del temor al castigo.

Estamos hablando de jóvenes y niños que desde muy temprana edad han sido entrenados por las pandillas para drogarse, traficar, asaltar, secuestrar, violar y asesinar de la manera más horrenda. ¿Y por que lo hacen? Simplemente porque pueden hacerlo y salirse con la suya.

¿Sabía usted que el 83% de los menores atrapados por la policía cometiendo un crimen salen libres sin siquiera llegar ante un juez a que les imponga una pena? ¿Sabía usted que existen “prebendas especiales” en las leyes para menores, que permiten que un menor que ha cometido un crimen violento o un menor reincidente salga libre o se le reduzca su pena a la mitad? ¿Sabía usted que el rango de la pena para un menor homicida empieza en un año y llega hasta los doce? ¿Sabía usted que un menor de trece años no puede ser penalizado por ningún tipo de delito en Panamá?

Algunos nos contradicen con análisis que indican que la mayoría de los crímenes son cometidos por mayores de edad. Definitivamente, la mayoría los cometen personas mayores de 18 años; pero pregúntele a ese mismo delincuente a qué edad empezó a delinquir. ¿Cuándo ingresó a la pandilla? ¿A qué edad apretó por primera vez el gatillo? ¿Será que al haberse salido con la suya siendo menores de edad, no llegaron a formar parte de las estadísticas?

Nuestra posición no es que se aumenten las penas a los menores por aumentarlas, como se ha hecho equivocadamente en el pasado. Nuestra opinión es que se cumplan las existentes y que se cumplan como debe ser. Eliminando las prebendas innecesarias y exageradas que apadrinan estos actos. Fiscalizando (valga la redundancia) la labor de los fiscales y las condenas impuestas por los jueces. Reduciendo la edad de imputabilidad penal. Aumentando las penas mínimas para los crímenes violentos y los menores reincidentes.

Debemos infundir respeto a la ley y certeza del castigo, para reducir la percepción de impunidad que reina entre muchos de estos jóvenes que están delinquiendo. Esto, aunado a verdaderos programas de prevención y re-socialización, es un buen comienzo.

El debate sobre el tema de la inseguridad y las diferentes estrategias que se han tomado para combatir la delincuencia es de nunca acabar. Los de la mano dura versus la mano amiga. Los odefensores de la represión extrema versus los que apuestan ciento por ciento a la prevención. Derechos de los delincuentes versus derechos de las víctimas. Pareciera que no nos damos cuenta de que ninguna de estas iniciativas, por sí sola, es la solución al problema. Gran parte del motivo por el cual no avanzamos más en esta lucha es que han existido factores políticos, comerciales, sociales y privados que no han permitido que de verdad nos unamos todos en un solo esfuerzo conjunto por resolver de manera integral esta situación que mantiene preocupado a todo el país.

 

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