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Por: Diana Herrera Rusinque
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Odiado por unos, amado por otros y admirado por todos. Karl Lagerfeld, el cerebro creativo de la casa Chanel, ha sabido conservar su sitial como icono de la moda en los siglos XX y XXI con creaciones que marcan tendencias y enloquecen tanto a mujeres de la alta sociedad como a estrellas de cine.

Madonna es una de ellas; tanto que para su gira de conciertos Re-Invention Tour, realizada en 2004, le pidió diseñar buena parte de los atuendos que luciría en el escenario. Nicole Kidman también hace parte de la lista, con el honor adicional de haberse convertido en musa inspiradora para el diseñador. Y a estos nombres se suman otros tan reconocidos como el de la princesa Carolina de Mónaco o Bernadette Chirac, ex primera dama de Francia.

Un logro sin duda importante para un creador que, si bien ha vendido la imagen de provenir de una familia adinerada ―suiza por parte de su padre y alemana por línea materna―, al parecer vivió una infancia cargada de penurias en su Hamburgo natal. Por lo menos así lo relata la periodista Alicia Drake en el libro The Beautiful Fall – Lagerfeld, Saint Laurent and Glorious Excess in 1970’s Paris.

Quizá fue el deseo de huir de la pobreza o tal vez un vaticinio temprano de lo que sería su futuro; lo cierto es que a la corta edad de catorce años Karl Lagerfeld se mudó con su madre a París, en donde inició su aprendizaje en el mundo de la moda. Uno de sus compañeros y amigos era otro diamante en bruto: el argelino Yves Saint Laurent. Juntos fueron premiados con los primeros lugares en el concurso patrocinado por el Secretariado Internacional de Lana, en 1955. Yves lo logró con un diminuto vestido para coctel. Karl hizo lo propio con un abrigo. Apenas tenía diez y siete años, pero el reconocimiento le permitió ingresar a la nómina de la casa de diseño de modas Pierre Balmain.

Hay quienes dicen que la amistad de Saint Laurent y Lagerfeld finalizó por celos profesionales; después de todo, el joven Yves ascendió más rápidamente que su colega alemán en la escena de la moda parisina y se convirtió en el genio de la marca Dior. Otros aseguran que su distanciamiento se debió a que juntos se enamoraron del mismo hombre. Como sea, lo cierto es que los enfrentamientos entre ambos se hicieron legendarios y la animadversión mutua se prolongó hasta que Saint Laurent murió en 2008.

Si bien el papel de segundón de Yves Saint Laurent atormentaba a Karl Lagerfeld, esto no impidió que hiciera méritos propios como diseñador; primero con Balmain y más tarde en el taller Jean Patou, en Krizia y en Valentino. Fue la etapa en la que refinó su afición por los detalles y el corte perfecto, pero se vio bruscamente interrumpida cuando decidió alejarse de las pasarelas para estudiar arte en Italia.

No obstante, Lagerfeld no pudo mantenerse distante por mucho tiempo. Tres años después las hermanas Fendi lo alejaron de su retiro, al invitarlo a participar de sus colecciones como diseñador de apoyo. Chloé, a su vez, lo nombró director creativo y fue entonces cuando se inició el imperio de este hombre, conocido con el seudónimo de ‘El Káiser’.

Era de esperarse que el mundo enloqueciera con Karl Lagerfeld. Sus diseños no sólo resultaron innovadores sino tremendamente femeninos y exquisitos, lo que lo puso a competir de igual a igual con los grandes nombres de la alta costura. De este período datan creaciones provistas con su sello particular como el estilo flirt, compuesto por vestidos simples y livianos, y la colección Deco, basada en estampados en blanco y negro.

Fue tal la popularidad conquistada por Karl Lagerfeld entre los medios de comunicación y la crítica, que no es de extrañar que la muy exclusiva casa Chanel pusiera sus ojos en él. Sólo a la revelación del momento y a un talento tan desmesurado se le podía confiar la batuta de una marca legendaria en el mundo de la moda. Por este motivo fue nombrado jefe ejecutivo de Diseño y se le encomendó la misión de llevar el nombre de Chanel a una nueva dimensión.

Muchos no daban un centavo por esta nueva sociedad; después de todo Lagerfeld ha sido reconocido por sus extravagancias, su temperamento explosivo, su egocentrismo y su vanidad excesiva; sin embargo, no sólo lleva 26 años liderando las creaciones de Chanel, sino que además lo ha hecho con la creatividad de un artista y la precisión de un relojero.

Sus colecciones son vanguardistas como las que más e incluso llegan a proponer prendas tan exóticas como un traje de baño provisto de una fuente de agua o un vestido que imita a un automóvil con una parrilla de radiador y parachoques. No obstante, el alemán ha tenido buen cuidado de lograr el equilibrio entre lo extravagante y lo clásico, para impedir que se borre el estilo impuesto hace tantos años por Coco Chanel para su empresa.

Hoy Karl Lagerfeld es una marca en sí mismo, que incluye su línea de ropa Lagerfeld Gallery, una colección de perfumes, otra de anteojos para el sol y una editorial donde publica lujosos libros de arte. Además es fotógrafo, diseña cada una de las campañas de Chanel y aún le queda tiempo para dedicarlo a una de sus grandes aficiones: las antigüedades. Nada mal para el niño con ínfulas de riqueza que con su talento transformó el escenario de la moda contemporánea

 

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