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Aires de loft en Nueva York

Por: Diana Herrera Rusinque
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Primero fue asentamiento indígena. Después escenario de fábricas. Más tarde se constituyó en refugio de artistas y en épocas recientes se convirtió en un vecindario de lujo y distinción. Estamos hablando de la zona del Soho, en Nueva York, la cuna por derecho propio del concepto loft y donde la firma Slade Architecture ha renovado un apartamento respetando los principios básicos de esta tendencia.


La vivienda está localizada sobre la Green Street, el corazón del vibrante mundo del Soho, una palabra que rinde tributo a la ubicación de la zona, localizada justo al sur de Houston Street (South of Houston Street). Es sobre esta calle donde se respira el auténtico ambiente del distrito, poblado por edificios construidos en hierro colado, que no superan los seis pisos de altura (aquí un rascacielos sería poco menos que un sacrilegio), y en donde se alojan desde restaurantes y cafés primorosos, hasta las tiendas más exclusivas de Louis Vuitton y Dolce & Gabanna. Estos son los vecinos del loft que han rediseñado los arquitectos de Slade Architecture, liderados por las cabezas de la compañía: James y Hayes Slade, ganadores en el año 2004 del premio AIA del American Institute of Architects, capítulo Nueva York.


Ellos, fieles a su filosofía de trabajar a partir de las necesidades y gustos de sus clientes, combinando el concepto con la funcionalidad, reestructuraron un espacio abierto de 300 metros cuadrados que había prestado sus servicios a una industria, hasta convertirlo en un loft contemporáneo pero a la vez acogedor.


El sentido del espacio fue determinado por las grandes ventanas que ocupan las áreas frontal y posterior de la vivienda. Con el propósito de enfatizar su presencia avasalladora, que además garantiza la luminosidad de todos los rincones, los arquitectos decidieron conservar el ya existente sentido de espacios abiertos en el ambiente, interrumpidos únicamente por tres volúmenes muy altos que además permiten definir las diferentes áreas.


Aquí no estamos hablando de muros. Un auténtico loft jamás los permitiría. En su lugar estamos haciendo referencia a objetos que, a la vez que dividen, prestan una función dentro de la residencia. Así, el primer volumen presente en esta vivienda de Green Street es un librero descomunal elaborado en aluminio, el cual separa el living room, el comedor y la cocina del estudio.


La cara del gran mueble que mira al living room fue aprovechada por los diseñadores para disponer en ella la amplia colección de baúles coreanos que guarda el propietario. La que da al estudio está provista con estanterías más bajas donde se organizan los libros.


El segundo volumen lo constituye una pequeña construcción que por uno de sus lados mira hacia el área del escritorio y por el otro da lugar a un armario resguardado por dos puertas ocultas. Al abrirlas se accede a un corredor que da paso al tercer volumen, el cual contiene otra parte del closet y el baño principal.


Todos los volúmenes se encuentran comunicados por corredores abiertos, a través de los cuales se puede observar la totalidad de la vivienda. Lo único que permanece oculto a la vista es la zona de almacenamiento ubicada en el área norte, la cual se ubica tras una gran pared laminada, así como la alcoba principal y la habitación de huéspedes, que se resguardan tras dos láminas que hacen las veces de puerta. Cada una de ellas está provista con diferentes acabados y texturas, logrando un efecto interesante a la vista sólo cuando el observador se acerca a ellas. De lejos se ven como una gran superficie blanca.


Así como la estructura de la zona social ofrece propuestas interesantes en materia de diseño, la alcoba principal y los baños hacen lo propio. La primera está ubicada sobre una plataforma de piedra áspera que se levanta aproximadamente 16 pulgadas desde el piso. La cama está  respaldada por un gran cabecero elaborado en tablilla de teca, sobre el cual se han insertado estantes removibles de color naranja, que pueden ser reorganizados a gusto del propietario.


En los baños también se jugó con el concepto y la funcionalidad. El de huéspedes, por ejemplo, se pintó con un color verde intenso que destaca la arquitectura del edificio, mientras que el principal fue dotado en el área de la ducha con un piso falso que al ser removido descubre una deliciosa bañera.


El mobiliario de este loft también estuvo en manos de Slade Architecture, que elaboró piezas diseñadas a la medida de sus habitantes. Gracias a esto podemos encontrar detalles interesantes como la gran alfombra en azul y plata del living room, o la de color naranja brillante del estudio, o la extensa mesa del comedor cuya superficie fue tallada a partir de una sola pieza de madera Mokore.


La gran mesa, con capacidad para 20 personas, está dispuesta a lo largo de uno de los extensos ventanales de la propiedad, con el objetivo de convertirla en el punto focal durante las fiestas que suelen ofrecer los propietarios de la vivienda. Y créanos: son muchas. Después de todo estamos en el Soho, el vecindario que nunca duerme.


 

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